
El senador Miguel Ángel Yunes Márquez se encuentra en el ojo del huracán político tras su polémica votación a favor de la reforma judicial impulsada por el presidente López Obrador. En una reciente entrevista en el Senado, Yunes Márquez manifestó su firme determinación de permanecer en las filas del Partido Acción Nacional (PAN), a pesar del proceso de expulsión iniciado en su contra.
«No voy a permitir que me expulsen del PAN por ser libre, por tomar decisiones en libertad», declaró el legislador veracruzano, quien calificó el intento de expulsión como un «acto antidemocrático». Yunes Márquez anunció que impugnará esta decisión ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, argumentando que tanto la Constitución como los estatutos del partido respaldan su derecho a votar según su criterio.
El senador, cuyo voto fue crucial para que Morena alcanzara la mayoría calificada necesaria para aprobar la reforma, defendió su postura alegando que un partido político no puede obligar a sus legisladores a votar en un sentido determinado. «Yo lo hice de manera pensada, no soy el único, hay varios legisladores locales que tampoco quisieron seguir las instrucciones del partido, porque somos libres de votar», explicó Yunes Márquez.
La controversia ha generado especulaciones sobre el futuro político del senador. Aunque Yunes Márquez insiste en su lealtad al PAN, su presencia en la sesión de declaratoria constitucional de la reforma judicial, junto a Morena y sus aliados, ha avivado los rumores sobre un posible cambio de bancada. Sin embargo, el legislador mantiene su postura: «Soy legislador del Partido Acción Nacional», afirmó, justificando su asistencia como parte de su responsabilidad senatorial.
Este enfrentamiento entre Yunes Márquez y la dirigencia del PAN pone de manifiesto las tensiones internas que vive el partido opositor en un momento crucial de la política mexicana. La resolución de este conflicto por parte del Tribunal Electoral podría sentar un precedente importante sobre la libertad de voto de los legisladores y los límites de la disciplina partidista en México.
Fotografía: Carlos Mejía