
Redacción:
Con el inicio de octubre, Caracas se viste de Navidad. Un enorme árbol decorado se erige frente a la Comandancia de la Armada, y el Paseo de Los Próceres brilla con luces festivas. Sin embargo, la celebración navideña decretada por el presidente Nicolás Maduro, quien ha comenzado a cantar villancicos y degustar dulces típicos de la temporada, contrasta con la realidad del país, donde los ciudadanos parecen preferir anticipar Halloween en lugar de sumarse a las festividades oficiales.
Desde 2018, Maduro ha proclamado que la Navidad comenzará el 1 de octubre y se extenderá hasta el 15 de enero, aunque este año el anuncio ha sido especialmente controvertido. Mientras el gobierno no ha informado sobre el pago de aguinaldos, muchos venezolanos enfrentan la incertidumbre económica y política tras las elecciones del 28 de julio, las cuales han desatado una nueva crisis en el país. La oposición denuncia fraude electoral, un sentimiento que permea las calles y se refleja en la resistencia de la población a celebrar.
La premura de Maduro por adornar el país con luces y villancicos, en medio de denuncias de violaciones a los derechos humanos y la represión de protestas, ha sido objeto de burlas internacionales. Edmundo González Urrutia, rival de Maduro y asilado en Madrid, ironizó sobre la situación, sugiriendo que si la Navidad llegó temprano, él también podría adelantar su regreso como presidente electo.
Las navidades promovidas por el chavismo coinciden con el inicio del año escolar, lo que ha llevado a que las escuelas públicas organicen actos festivos anticipados. Sin embargo, la Conferencia Episcopal de Venezuela ha recordado que la Navidad es una celebración universal y no debe ser utilizada con fines políticos. En respuesta, Maduro desafió a la iglesia, afirmando que la festividad pertenece al pueblo y se celebrará cuando ellos decidan.
A pesar de la ostentosa decoración gubernamental, los comerciantes enfrentan un panorama complicado. La logística de importación ha generado retrasos en la llegada de productos navideños, y aunque muchos pronostican un repunte en las ventas, la incertidumbre persiste. Ruth, encargada de una tienda de ropa, destacó que, a pesar de la situación política, la gente sigue comprando adornos, lo que sugiere que, aunque las luces brillan en la ciudad, el espíritu festivo aún lucha por afianzarse entre la población.
Fotografía: Cortesía de EFE para Quadro24.mx