
Redacción:
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su retórica contra China al anunciar su intención de imponer un arancel adicional del 10% sobre los productos provenientes del gigante asiático. Este gravamen forma parte de una estrategia más amplia que también afectaría a las importaciones de México y Canadá. La medida, según Trump, es parte de sus esfuerzos para combatir el tráfico de fentanilo y la inmigración irregular desde estos países.
La respuesta de China no se hizo esperar, y a través de un portavoz en Washington, Liu Pengyu, declaró que “nadie ganará una guerra comercial”, subrayando que la cooperación económica entre ambos países es de naturaleza mutuamente beneficiosa. Este intercambio de palabras se da a menos de dos meses de que Trump asuma oficialmente la presidencia el 20 de enero.
El fentanilo, droga sintética originaria de China y responsable de miles de muertes en Estados Unidos, ha sido un tema recurrente en las tensiones comerciales. Pekín ha defendido sus esfuerzos para combatir el tráfico de esta sustancia, asegurando que está tomando medidas activas para frenar el envío de precursores de fentanilo a Estados Unidos. Sin embargo, Trump ha sido contundente en sus críticas, argumentando que China no ha hecho lo suficiente para controlar este tráfico.
En cuanto a las consecuencias de la política arancelaria, algunos analistas señalan que las medidas de Trump podrían impactar indirectamente a China, ya que muchas empresas chinas han trasladado su producción a México en los últimos años, lo que podría afectar aún más la cadena de suministro de los productos que llegan a los Estados Unidos.
La amenaza de Trump es más moderada que su propuesta inicial de imponer un 60% de aranceles a todos los productos chinos, aunque sigue generando preocupación a nivel global por las repercusiones económicas que podría traer consigo una nueva escalada en la guerra comercial entre ambos países.
Fotografía: AP