
Redacción:
Bolivia atraviesa una de las peores crisis ambientales de su historia reciente, tras la declaración de emergencia nacional debido a los incendios forestales que han devastado millones de hectáreas de pastizales y bosques. Las llamas han afectado principalmente a las regiones orientales del país, obligando al gobierno a tomar medidas urgentes para intentar contener el avance del fuego, que amenaza tanto la biodiversidad como la salud pública.
El gobierno boliviano ha reportado que cerca de cuatro millones de hectáreas han sido arrasadas por el fuego, de las cuales el 60% corresponde a pastizales y el 40% a zonas boscosas, incluidas áreas protegidas de la Amazonia. El ministro de Medio Ambiente, Alan Lisperguer, ha subrayado que la magnitud del daño es alarmante, ya que se han destruido hábitats esenciales y especies en peligro. Además, el humo generado por los incendios ha provocado la declaración de alerta sanitaria en varias ciudades, como Santa Cruz y Cochabamba, donde la calidad del aire ha empeorado gravemente.
A pesar del despliegue de más de cinco mil bomberos voluntarios y el uso de helicópteros cisterna, los esfuerzos han sido insuficientes debido a las adversas condiciones meteorológicas y la prolongada sequía. El gobierno ha solicitado ayuda internacional, recibiendo ya apoyo de países como Venezuela, Brasil y Francia, en un intento de frenar esta emergencia que sigue en expansión.
Los expertos señalan que la crisis no es un hecho aislado, sino una manifestación del cambio climático y prácticas agrícolas insostenibles, como la quema de barbechos. Hasta la fecha, cuatro personas han sido detenidas por provocar incendios, y las autoridades han iniciado varios procesos judiciales. Mientras tanto, la población afectada enfrenta graves consecuencias económicas y medioambientales que podrían tardar años en revertirse.
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